Lejos de los murales típicos de San Telmo o La Boca, de las exposiciones en espacios cool palermitanos, del embellecimiento urbano propuesto por el gobierno de la Ciudad y del llamado boom del Street Art en Buenos Aires, existen las crews: un brazo armado (de aerosoles) que con la precisión de un equipo SWAT, entra de madrugada en las estaciones de trenes o convoys a plena luz del día, para dejar su marca.
Son los representantes del graffiti en el más autóctono de sus sentidos. De una filosofía que nació en los suburbios de Nueva York en los 80´s y que hoy existe en cada ciudad del mundo en la que haya un tren. Una práctica que provoca roces con los usuarios, con la seguridad, con la Policía, que surge al margen del arte, en el corazón de los barrios y se niega a ser domesticada. Una subcultura para la que el hecho de que esté prohibido, es parte del plan.
No se les conoce la cara, no dan sus nombres reales, no suben a las redes sociales ninguna imagen que pueda delatarlos a ellos o los lugares donde pintan, no tienen página web y no son fáciles de encontrar. El graffiti ilegal empieza como una competencia calles adentro de los barrios por ver quién conquista más muros, luego más vagones, quién es el que manda en esas calles. Y en su barrio, con más de 10 años pintando paredes, trenes en Buenos Aires, Córdoba, Rosario o Mendoza, en otros países latinoamericanos e inclusive en Europa, esos son los ALC´s.
Sobre salir a pintar trenes: "Siempre existe el riesgo de que la Policía o algún vecino te pegue un tiro"
Son una crew de aproximadamente 15 personas y pintan desde 2005. Lo hacen a pesar de sus trabajos como mozos, choferes, deliverys o, incluso, de no tener un empleo. Lo hacen a pesar de familias que la mayoría de las veces no los entienden y de parejas que reclaman más tiempo. Lo hacen a pesar del frío, los gastos y el riesgo de terminar presos, golpeados o heridos.
"Está el riesgo de que algún cobani, un Policía, te quiera dar un tiro. O algún vecino, porque a veces para entrar a una estación hay que pasar por la casa de alguien", cuenta MICRO, uno de los fundadores de los ALC´s, sobre los peligros de salir a pintar trenes.
"En Sudamérica, la diferencia es que tenés muchos más riesgos porque acá están todos locos, es distinto, te pegan un tiro, te cagan a palos. Allá te meten preso y ya está", acota EMIS comparándolo con lo que pasa en Europa, donde si bien las penas son más duras, los peligros les parecen menores. Él y GRISH, otro de los integrantes de la crew, viajaron el año pasado al Viejo Continente para dejar sus marcas en trenes y subtes de Madrid, Barcelona, París, Bélgica, Londres y Grecia, entre otros destinos, y en companía de "los graffiteros más buscados de allá", según cuentan.
Entre las anécdotas del viaje recuerdan una en la que se escondieron enbolsas negras de residuos, esperando inmóviles a que llegue el tren, para después de que bajaran los pasajeros, con el andén ya vacío, salir de sus escondites y pintar las formaciones. "Lo ideal es entrar, pintar, salir y que nadie sepa cómo hiciste", coinciden. Comparten además las anécdotas de otros graffiteros que bajan con arneses para pintar convoys último modelo o se arrastran 250 metros por tubos de desague, con el único objetivo de vulnerar la seguridad de los metros europeos. Todo vale en el mundo del graffiti ilegal, una competencia contra ellos mismos y contra los esfuerzos del sistema por impedir que se salgan con la suya.
"Nosotros arrancamos todos más o menos a los 14 o 15 años, a esa edad ya estábamos pintando en la calle. Éramos todos pibes del barrio que nos conocíamos de chicos", dice MICRO, que hoy tiene 25. "Se arranca de pibe porque se aprovecha mucho eso de ser menor", explica.
"Para mí mientras más difícil sea, más emocionante es"
"Se buscan lugares más difíciles para que tenga más emoción la cosa. Para mí mientras más difícil sea, más emocionante es", asegura y comenta que hace poco en Buenos Aires empezaron a existir grupos especialmente formados para perseguirlos, "vandal squads" dice él, pero que paradójicamente lo motivan más: "Es lo que yo busco. Si fuera regalado no tendría gracia", dice.
"Algunos creen que somos como una mafia", comenta GRISH y se ríe de esa imagen que dan para afuera y que a veces los excede. "Es que somos un montón, la gente habla y dice de todo", claramente hablando del barrio en el que se conocieron, en el que crecieron, en el que empezaron a pintar juntos y del que son dueños en materia de graffiti.
"Los trenes a la gente le llaman más la atención porque es más pensado, más planeado. Pintar paredes es más fácil, vos pedís permiso y pintás; pero trenes es más complicado", dice EMIS y GRISH suma que para él "lo más real del graffiti está en el tren. Es como que el graffiti arrancó ahí y es eso, por más que dure un día y te lo borren". "Es algo inexplicable y el que no lo vive no lo puede entender", asegura.
Sin embargo, a pesar de su ilegalidad, el graffiti responde a códigos internos que las crews respetan, a riesgo de perder su prestigio si no los siguen o de hacerse mala fama en el ambiente. En resumen los trenes no pueden pintarse así nomás, hay diferentes "piezas", que en relación a su complejidad están habilitadas o no a tapar otras. Así un "Whole train" es lo máximo a lo que puede aspirarse y significa un tren pintado de punta a punta, un "end to end" de puerta a puerta, o el "top to bottom" desde la base de un vagón hasta el techo, sólo por mencionar algunas de las alternativas.
"Lo principal es tener el modelo de tu barrio y después tratar de expandirse, de ir viajando a cada lugar en el que haya un tren, para poder dejar tu marca, dejarlo asentado, tenerlo guardado. De eso se trata, de poder abrir más la cabeza, de conocer otra gente que sea diferente, que te hable de cosas diferentes; y el sueño de todo graffitero debe sertener todos los modelos de todo el mundo", fantasea TARIK, que no se imagina ninguna edad en la que no vaya a estar haciendo graffitis.
Nota de Minutouno.com
Mueran todos malditos grafiteros!!!
ResponderEliminar